06 enero 2009

Espejo mar

Nunca imaginó que esa vista le traería tantas cosas a la memoria. Cuando una mira desde un acantilado cree atisbar el intestino del mar. Craso error. Una se encuentra sin desearlo con su propia profundidad. Buscando el horizonte marino, no es difícil alcanzar la tripa de su propio ser. Aquellas brasas que un día le quemaron, regresaban ahora a su mente en forma de rescoldo que confirma que nunca se acabarán de extinguir.
Aquella espuma de mar le traía la de afeitar. Algo blanco y esponjoso que además de arrancar las mañanas, borraba las noches de nubes negras.
Por eso cuando volvió a mirar desde el acantilado se olvidó de la altura, de la profundidad, del oleaje. Recordó la tierra que pisaba, las casas que habitó, los troncos de leña que absorta miró como se consumían, hasta llegar a las estanterías que paliaban su curiosidad literaria. Con el silbar del mar, le llegó el recuerdo de un amor. Porque si es cierto que salió al mar, su último fin era regresar a aquella tierra. La que estaba contenta de seguir pisando. La que su pie le confirmaba. Sin lentes que la distorsionaran.




Frente a illa a Marola en Mera (Oleiros - A Coruña)

"Prefiero que circulen las palabras"

7 comentarios:

Fernando dijo...

vivir no deja de ser un vértigo..besos

Sangre dijo...

Preciosa foto Churriña de tu pie sobre el abismo, y debajo el Mar...muy en tu linea...sentido y profundo...bicos.

Miguel Ángel Y. dijo...

Cuántas cosas nos trae la espuma del mar...Y cuántas se lleva. Mi mar, tu mar...Besos.

Ogigia dijo...

Estoy contigo, leyéndote, viéndote...

Cecilia dijo...

¡Hermoso!!!

Besos!

ybris dijo...

Lo pensaba mientras te leía:
A veces se ve uno mientras mira desde lo alto la espuma del mar.

Besos.

Tempero dijo...

¿Cómo es que mar,
tú, me escalas,
me sublevas y me regresas?

¿Cómo es que mar,
tú, me ingresas
en la batida de tu oleaje
y luego me garantizas
la vuelta?

Bicos.

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