18 octubre 2010

mi hogar

Un latido busco en el cuenco,
un latido acompasado,
tan sólo un refugio.
El calor del arrullo,
un refugio,
busco.

10 comentarios:

Poledra dijo...

Alguna vez todos nos sentimos así...

Un abrazo, miradiña

Slump dijo...

Es innato en el ser humano el buscar compañía y afecto.

Antoñito dijo...

Los latidos acompasados son difíciles de encontrar... mientras tanto hay que sentirse feliz por el calor artificial (sin arrullo) que proporciona el refugio de la soledad.
Amén.
...-
..
.
pd: me encanta ir a buscar setas.

ybris dijo...

Refugio de un latido en un cuenco.
Como el del Coprinus comatus.
A ver si encuentro alguno tierno antes de que empiece a soltar tinta. Están muy buenos.

Besos.

gaia07 dijo...

Queridísima amiga ¿tú te has dado cuenta que eres hogar?
Que tú eres el cobijo, el arrullo, el cuenco que acompasa los latidos de quienes venimos a beber.
No busques, solo espera al que está por llegar. Y no tengas ninguna prisa porque aunque después quede menos tiempo, lo vivirás tan intenso que lo sentirás eterno.

Besos y sonrisas

lafuentedesed dijo...

Da calorcito solo de leerlo. Como ya han dicho, que sitio tan acogedor tus palabras.
Un abrazo.

mirada dijo...

"Todo hombre es como la danza de luces y sombras del fuego del hogar en una habitación oscura. Las llamas le elevan a las nubes de su condición divina, al tiempo que crean temibles sombras informes en las paredes de la habitación. Es la doble naturaleza de la que todos participamos; las dos máscaras que todos usamos en el teatro de la vida."

Grian, en El jardinero

mirada dijo...

"LA FELICIDAD

—¿Qué debo de hacer, jardinero, para alcanzar la felicidad? —dijo la hermosa jóven.

El jardinero dejó escapar su risa inocente.

—No la busques —respondió.

La muchacha quedó confusa.

—¿Cómo puedes decirme eso? —preguntó un tanto molesta por sus risas—. Todo el mundo busca la felicidad...

—...Y muy pocos la encuentran.. —le interrumpió el jardinero riendo todavía.

La irritación de la impulsiva jóven iba en aumento, y esto no hacía sino aumentar la diversión del hombre.

—Verás... —continuó el jardinero intentando calmarla—. Todo el mundo busca la felicidad. Unos la buscan en la persona amada, otros en la acumulación de dinero y bienes, otros en la consecución de sus sueños... Todo el mundo se pasa la vida persiguiendo un sueño por realizar y, cuando lo consiguen, alcanzan una felicidad que ellos creen que durará eternamente. Pero pasado un tiempo vuelven la monotonía y la desilusión, y todo el mundo vuelve a buscarse un nuevo sueño por cumplir, hasta que lo consiguen y vuelven a caer en la desilusión, y así sucesivamente.

—¿Quieres decir que no es posible alcanzar una felicidad duradera? —le volvió a interrogar la muchacha.

—¡Oh, no!. No he querido decir eso

—Entonces, ¿cómo se alcanza la felicidad duradera? —insistió la jóven con visibles muestras de impaciencia.

El jardinero le hizo un gesto para que se calmara.

—No se alcanza —le respondió—. No se puede alcanzar algo que siempre ha estado contigo.

—Jardinero, me vas a volver loca. Si siempre ha estado conmigo, ¿cómo es que yo no la noto?.

—¿Acaso notas la flor que llevas en tus cabellos? —preguntó el jardinero.

—Cuando me detengo a pensarlo, si —respondió levantando su mano hasta la flor.

—¿Acaso no te das cuenta de que eras feliz cuando te detienes a pensar en tu pasado?.

—Bueno... Si... —balbuceó—. Pero...

—Pues detente a pensar en la felicidad que sientes ahora —le interrumpió el jardinero—. Todo el mundo se comporta como aquel hombre que se pasó el día buscando sus gafas, para terminar dándose cuenta de que las llevaba puestas.

»Siempre hemos sido felices, pero sólo nos damos cuenta cuando ha pasado el tiempo, y la distancia nos permite ver la totalidad de lo vivido.

»La felicidad siempre ha estado en tí; nunca te ha abandonado. Ni siquiera cuando la vida te ha hecho pasar por el dolor y la amargura. Sólo es que no la veías, que tu obcecación por encontrarla y por huir del dolor no te dejaba verla.

»Pon atención a tu vida, a lo que te rodea, a lo que sientes... y descubrirás que eres feliz ya, en este momento, que la felicidad forma parte de tí, porque la felicidad es como una verde pradera en donde baila la vida sus danzas de vida y muerte, de amor y soledad.»

Y acariciando la mejilla de la muchacha, le dijo con ternura:

—No busques la felicidad. Si deseas buscar algo... busca la vida."
El jardinero, Ediciones Obelisco.


Gracias por acompañarme, por arroparme, por discurrir conmigo, por participar, por compartir tanto cariño, por darme la mano, por leer, por escuchar, por escribir, por vivir tan cerquita de mi, en mi corazón. Os quiero.

mateosantamarta dijo...

Ahí está, ahí está la cosa, pero cuando nos damos cuenta ha desaparecido...Tiene que ser como el aroma de una flor: sin explicación, sin conciencia de sí mismo...
Hermosa la foto, tus palabras y este relato que encierra la sabiduría de Oriente.
Besos.

Antoñito dijo...

Unas palabras más que interesantes... gracias por compartirlas...

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